domingo, 20 de diciembre de 1992

Educación: ¿Otra brecha por cerrar?

El piso Nº 8 del Ministerio de Economía y Finanzas se ha convertido, a través de los años, en una especie de "casa de torturas" para los funcionarios de la Dirección de Programación Presupuestaria del Ministerio de Educación, que periódicamente, ya sea para la formulación del presupuesto, aprobación y transferencia de partidas, créditos suplementarios, calendarios de compromiso, autorizaciones de giro, etc. se ven en la necesidad de acudir al "sectorialista" encargado del Pliego Ministerio de Educación a solicitarle su buena voluntad, comprometiéndose muchas veces a actuar con "reciprocidad" si se diera el caso.

Esto sólo es parte de la anécdota; la indiferencia y el rechazo que sienten las autoridades del MEF ante los requerimientos del Ministerio de Educación se deben, más que a una consideración de tipo técnico, aun prejuicio que se arrastra desde décadas atrás.

El gremio magisterial puede sustentar más aún esta apreciación, en la medida que una de las razones que argumentan las autoridades del MEF para postergar al docente, en lo que a remuneraciones se refiere, es el enorme número de plazas docentes que existen a nivel nacional y en consecuencia el gran volumen de recursos fiscales que se necesitarían para elevar el nivel de remuneraciones de acuerdo con las demandas del gremio.

Si bien es cierto existen fundamentos teóricos suficientes como para demostrar que la educación no es un gasto sino una inversión, la práctica nos demuestra que el gobierno no lo considera así, en razón que al momento de definir prioridades en el presupuesto público se le confiere a la educación poca rentabilidad, y a la hora de asignar los recursos financieros a los diferentes sectores, tienen mayor importancia la defensa y el pago de la deuda externa.

Evidentemente, el Estado no es el único que financia las inversiones en educación. Las familias, los empresarios y el sector externo - algunas veces - aportan al sector educativo. Lo que si se debe poner en claro es que el Estado a través del Ministerio de Educación abarca aproximadamente el 85% de la oferta de servicios educativos. Asimismo, el 15% restante es atendido por el sector educativo de gestión no estatal.

Ante tal panorama el gasto educativo público (GEP) puede ser considerado como variable relevante para cualquier análisis de las inversiones educativas.

El concepto de inversión en educación forma parte del cuerpo teórico de la economía de la educación, disciplina relativamente nueva que forma parte de la teoría económica neoclásica. Esta disciplina surge como respuesta a los problemas fundamentales de la dinámica económica acontecidos en los Estados Unidos de los años de la post guerra.

La "piedra angular" sobre la cual se basa la economía de la educación es la teoría del capital humano. Al respecto ésta nos dice: los conocimientos y habilidades que adquieren los seres humanos, a través de su vida tienen valor económico en la medida que están en relación al mercado, ya que es evidente que una mayor habilidad adquirida y/o conocimientos aprendidos elevan la productividad del trabajados y en consecuencia su salario.

Como se puede apreciar, la inversión en educación puede ser tomada como tal, considerando que la misma no solamente tiende a elevar los ingresos individuales sino tiene efectos positivos tanto económicos como de bienestar para toda la sociedad.

La economía de la educación llega a nuestro país en la segunda mitad de los 60' y la primera mitad de los 70', como es de suponerse el concepto de capital humano se traslada de manera mecánica. A raíz de esta "moda" impuesta por los organismos internacionales, se potencia por parte del Estado el GEP y es así que el mismo llega a representar en 1966 el 5.2% del PBI.

Como es por todos conocido esta inversión no produjo crecimiento económico, es más, la crisis que se inicia a partir de 1975 producto del agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, impide seguir incrementado el GEP. Como consecuencia de esta misma crisis, el mercado de trabajo se contrae al punto de no poder recibir los beneficios de un mayor acervo de conocimientos adquiridos por la población.

Es evidente que el GEP se vio influenciado por los avatares de la política económica (Pacheco: 1992); es más, él mismo sufrió los impactos de las restricciones fiscales, consecuencia de los problemas en la balanza de pagos (Ibib.).

De la observación de las cifras relativas al GEP podemos afirmar que a partir de 1966 (año en el cual logra su nivel histórico más alto) su tendencia ha sido más bien a la baja.

La crisis en la cual se debate el sistema educativo se debe a múltiples factores entre los cuales se encuentra la carencia de recursos para financiar el proceso educativo.

Hecha la aclaración del caso nos surgen algunas preguntas: ¿Cuánto necesitamos para recuperar los niveles óptimos de inversión en educación? ¿Cuáles serán sus beneficios? ¿Cuál será el costo de la no inversión?

Necesidades de inversión en educación

Si tomamos en cuenta que 1966 es el año en el que más se invirtió en educación y supuestamente quisiéramos lograr ese mismo nivel, tan sólo tendríamos que multiplicar el gasto unitario real por alumno (1979=100%) por las metas de atención (matrícula) para 1991. Este ejercicio lo realizamos a lo largo del periodo 1966 - 1991 y así obtenemos la inversión potencial u óptima. La diferencia entre la inversión potencial (óptima) y la inversión real (GEP) sería otra de las brechas por cerrar en nuestra economía. Evidentemente que en lo que a formación de recursos humanos se refiere, tan sólo tomamos un año de referencia (1966) y de allí en adelante hacemos diferencias respecto de los que realmente pasó con las finanzas educativas.

Respecto de la financiación de inversiones en educación, la CEPAL-UNESCO tiene una propuesta, presentada en el título: "Educación y Conocimiento: Eje de la Transformación Productiva con Equidad". En este documento se plantea una estrategia con los siguientes objetivos:

a) Cobertura universal de la educación básica.
b) Expansión de los programas de atención preescolar.
c) Reforzar la enseñanza de las aptitudes básicas en la escuela.
d) Programas de reforzamiento de las aptitudes básicas en adultos.

Plantea financiar esta propuesta, según porcentajes del PBI, en los siguientes términos: financiamiento público (Estado) 2.2%, financiamiento privado (empresas) 1.0% y, finalmente sector externo 0.5%.

Como hemos visto existen dos formas de enfocar las necesidades de financiamiento de la educación: una (propia) que se propone recuperar los niveles del GEP de 1966 y otra, que se sustenta en porcentajes del PBI (CEPAL-UNESCO).

De la observación del gráfico y el cuadro adjunto referentes a la primera propuesta (la propia) veremos que a través de 25 años la diferencia entre la inversión real y la inversión potencial se ha ido ahondando, es más, a partir de 1987 esta diferencia entre la inversión real y la inversión potencial se ha hecho mucho más significativa. A partir de 1991 se calcula que la diferencia entre la inversión real y la inversión potencial fue de 450'888,000 USD.


Respecto de la propuesta de la CEPAL podemos decir que la diferencia entre la inversión real y la inversión potencial que deberían financiar el Estado, el sector privado y el sector externo para lograr los objetivos de la estrategia, sería de 532'830,000 USD.


Ciertamente que para lograr los niveles óptimos de inversión se necesitaría en primer lugar que el Estado destine la mayor cantidad de recursos para la educación, es decir, que mediante el mecanismo de la tributación se distribuya de mejor manera los ingresos, para lo cual - dado los bajos niveles de presión tributaria - se deberá recaudar mayores impuestos de los agentes económicos con mayores recursos. Este mecanismo permitiría elevar los montos destinados a financiar el proceso educativo, lo que no es demagogia, en la medida que - a pesar del fundamentalismo ultraliberal - el Estado es el responsable principal de la producción de los servicios sociales llámese salud, educación, vivienda, etc.

Posibles beneficios de la inversión en educación

De cerrarse la brecha entre la inversión real y la inversión potencial en educación, dentro de un programa económico de largo plazo que no sacrifique el gasto social, traería como consecuencia un incremento real de las potencialidades innatas del pueblo peruano de crear y construir una economía basada en nuestras propias fuerzas e integrada favorablemente a la economía mundial.

El incremento de la inversión en educación debe hacerse considerando también un cambio en las políticas educativas respecto, tanto del curriculum, de la formación de los maestros, como de una gestión educativa que privilegie la elevación de la calidad de la educación, acorde con las necesidades de desarrollo económico y social del país.

Consecuencias de la no inversión en educación

De no realizarse esta inversión se desperdiciarían muchas oportunidades de generar producción y por lo tanto ingresos. Además de esto, los costos de las futuras campañas de alfabetización de los que hoy ni van a la escuela serían altísimos, la deserción y la repitencia escolar se agudizarían a tal punto de generar desperdicios incalculables en las alicaídas arcas fiscales, los pocos maestros de calidad que aún quedan dejarían la escuela pública en pos de actividades mejor remuneradas; en resumen, la educación pública retrocedería a niveles, en cuanto a calidad y cantidad, comparados tan sólo con los que existían en el Perú a comienzos del siglo XX.

Reflexión final

La primera semana de marzo del año 1992 se realizó en la Universidad Católica un seminario denominado "La escuela que el Perú necesita", en él se abordaron temas referentes al quehacer educativo desde diferentes enfoques, entre los cuales estuvo el tema del financiamiento de la educación, tema que en el presente artículo tocamos. El Foro Educativo, institución que se encargó de la convocatoria y la organización del evento, tiene proyectado seguir convocando a los profesionales de las diferentes disciplinas preocupados de la situación de la escuela pública, a fin que contribuyan desde su perspectiva profesional a la solución de los problemas que hoy aquejan al sistema educativo. De manera muy particular mediante estas líneas hacemos un llamado a la conciencia de los economistas, que tomen en cuenta que la labor del economista no sólo esta en los sectores productivos y/o empresariales, sino también es necesario que los profesionales de la economía echen un vistazo a los sectores sociales, y más específicamente a la educación, ya que el aporte de los pocos economistas que trabajamos en el sector educativo es trascendente para la población necesitada de nuestro país.

(1) Artículo publicado en la Revista Autoeducación Nº 36 IPP. Lima, diciembre de 1992.

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