miércoles, 12 de septiembre de 2007

Juventud peruana: más educación, menos empleo

Uno de los problemas mas graves heredados de los noventa, junto con el modelo económico, es la ineficacia de las políticas económicas y sociales para enfrentar la pobreza y la extrema pobreza en nuestro país. El empleo, sin lugar a dudas, es uno de los aspectos que se requiere afrontar con mayor premura.

La economía crece, el desaliento, también

Luego de seis años de crecimiento constante de la actividad económica los peruanos todavía se preguntan por los resultados concretos, en términos de mejora de su nivel de vida. Evidentemente, que el tan voceado chorreo sólo esta en boca de los economistas liberales que teorizan sobre las bondades del libre mercado, mientras que los bolsillos de los pobladores continúan aún esperando respuestas de la bonanza que expresan los grandes números.

Respecto de este fenómeno se han ensayado muchas respuestas, unas más convincentes que otras. El enfoque liberal nos dice que el crecimiento del producto es aún insuficiente, se propone un ritmo superior al 7% anual, asimismo, que el mercado de trabajo acusa de imperfecciones generadas por los sobre costos laborales, lo que impide que las empresas contraten más trabajadores. Otros, desde un enfoque menos ortodoxo, explican el poco dinamismo del empleo, en la medida que los sectores que lideran el crecimiento de la economía son intensivos en capital y tecnología, y en consecuencia, requieren de mano de obra con alta especialización y en proporciones mínimas.

Independientemente del tipo de explicación que se de para interpretar este hecho, lo evidente es que la política económica ha sido ineficiente para generar bienestar a las mayorías mediante la generación de mayor empleo e ingresos.

Sobre el tema se señala, respecto de la paradoja entre el crecimiento de la producción global y la insatisfacción del ciudadano común, algunas ideas interesantes (3).

Hay que tener en cuenta una mejor medida de crecimiento es el producto por habitante en tanto este expresa la relación entre el crecimiento de la economía y el crecimiento demográfico, asimismo, el PBI per cápita tiene componentes que no son de consumo, por lo tanto, el consumo por habitante, o mejor, el ingreso personal disponible sería el indicador más exacto. En consecuencia, el PBI puede crecer y, contrariamente a lo que se piensa, el ingreso disponible puede decrecer, lo cual es motivo suficiente producir malestar en la población.

Otro aspecto saltante es que la insatisfacción de la población puede estar asociada al deseo recuperar un nivel de ingresos que tuvo en un pasado reciente, o en todo caso, a las expectativas que se tenga del futuro.

Es muy posible que el consumo o el ingreso aumenten por encima del crecimiento de la población y esto tenga un impacto positivo promedio, sin embargo, este incremento puede estar redistribuido regresivamente, es decir, mayor remuneración al capital (empresas trasnacionales) en detrimento del factor trabajo (poblador asalariado).

Ya es sentido común para los economistas que el aumento del PBI no genera de inmediato empleo. Este es uno de los problemas más sentidos de la población, en la medida que afecta profundamente su autoestima. Como consecuencia de este fenómeno, las condiciones y la intensidad de los trabajos se han deteriorado drásticamente.

Se ha comprobado que en los segmentos de la población en donde han mejorado sus ingresos, lo han hecho también sus expectativas, y en mayor medida. En tanto esto es así, la sensación de insatisfacción crece. Asimismo, estos grupos se han convertido en referencia para que otros comparen sus niveles de consumo y de gasto, y sientan, que en relación a ellos, su nivel de vida sigue siendo bajo. Por lo tanto, su ingreso relativo es una medida de insatisfacción.

Los patrones de consumo actuales influenciados por la globalización y el cambio tecnológico, sobre todo entre los jóvenes, son también una medida de bienestar. Finalmente, hay factores independientes de los ingresos que pueden reducir el bienestar de la población como son la sensación de inseguridad, la inacción del estado, la corrupción, etc.

De todos los factores asociados al bienestar de la población, el más importante, desde nuestro punto de vista, es el empleo, puesto que el mismo no sólo genera ingresos sino permite que el sujeto se realice como ser individual y se integre socialmente.

La inserción laboral de los jóvenes (2)

Actualmente el nivel de desempleo abierto se encuentra en los niveles latinoamericanos, sin embargo, el subempleo es alto. Este debe ser entendido como empleo precario, esto es, de un lado informal, y de otro, de ingresos muy bajos. Esta es una situación a afecta mayoritariamente a la población joven.

Desde el campo de la política educativa, el Estado ha sido incapaz de resolver el divorcio entre la demanda de por fuerza de trabajo de parte del sector productivo y la oferta de opciones laborales que el sistema educativo pone a disposición de la economía. Este desencuentro ha convertido a la educación secundaria de menores en un nivel de transito a la universidad, sin un razón de ser en si misma.

El tema del empleo juvenil es uno de los más importantes en nuestro país, pues los jóvenes entre 15 y 19 años de edad representan el 30% de la población aproximadamente, y muestran una tasa de desempleo que casi dobla la tasa de desempleo promedio. Estudios recientes demuestran como se ha incrementado la rotación laboral y la precariedad de los empleos entre los jóvenes generando insatisfacción general. Queda del Estado, poner en marcha una política para apoyar la inserción y reinserción permanente de los jóvenes, su empleabilidad y reducción de la exclusión, así como para favorecer su acceso a ventajas comparativas a partir del mayor uso de tecnologías de la información y comunicación.

Según nos muestra un estudio regional (1), existen hasta cuatro estrategias utilizadas por los jóvenes frente al desafío del empleo: la inactividad, la emigración, el remate y la educación.

Respecto de la inserción de los jóvenes en el mercado de trabajo es importante acotar que estos en su mayoría son inactivos, es decir, se clasifican entre desempleados, trabajadores familiares no remunerados (especialmente mujeres) y trabajadores domésticos. Asimismo, que los que acceden al algún tipo de empleo privado lo hacen básicamente en la microempresa. Caso contrario, hay muy pocos en la gran empresa, el sector público, patrones e independientes.

Las cifras a este respecto son alarmantes, según el INEI existen aproximadamente 1’855 mil jóvenes que no estudian ni trabajan, de los cuales el 63% son mujeres.

El fenómeno de la emigración entre los jóvenes se ha incrementado hasta tal punto que los expertos en el tema afirman que diariamente 1,000 jóvenes dejan el país en pos de mejores oportunidades de estudio y de empleo. Estimaciones del saldo migratorio, esto es la diferencia, entre los que ingresan y salen del país entre los años 1993 y el 2003 nos dicen que, 116,000 jóvenes salieron al extranjero para no retornar debido, entre otras razones, a la falta de empleo adecuado.

En la actualidad ante la poca oferta de empleo y la alta exigencia para acceder a uno, los jóvenes optan por el remate. Entre 1990 y el 2002 el número de horas de trabajo semanal se ha incrementado de 41.3% a 48.2%, es decir, ahora se trabaja más por menos, y lo que es peor no solamente se remata el trabajo, tal como lo demuestran las cifras, sino también las condiciones en las cuales se labora. De un tiempo a esta parte la protección social en términos de pensiones y salud ha decrecido del 27.3% a 21.2% y de 27.2% al 25.0% respectivamente.

Otro dato importante es la diferencia entre las tasas de sindicalización de los jóvenes y los adultos. Según las estadísticas del 2002 sólo el 25% de los jóvenes estaban sindicalizados frentes al 36.6% de los trabajadores adultos.

Los jóvenes la educación y el empleo

La desaceleración del ritmo de crecimiento poblacional ha ocasionado que el grupo de edad entre 15 y 29 años genere una fuerte presión sobre el sistema educativo. Es por ese motivo que en un lapso de 30 años la distribución de la escolaridad de la población haya sufrido una fuerte migración hacia los niveles más altos del sistema.

Los resultados del Censo de 1972 nos mostraban que la población mayoritariamente se ubicaba en el nivel primario el 47.7%. En el año 2002, según la Encuesta Nacional de Hogares ENHO realizada en IV trimestre, el 64.3% contaba al menos con un año de secundaria y un importante 26% con algún año de educación superior universitaria o no universitaria.

Esta mayor preparación de los jóvenes de hoy en día los coloca, según su nivel de certificación, con mayores ventajas competitivas que la población adulta. Sin embargo, la calidad y las condiciones del trabajo ofertado aún no satisfacen sus expectativas.

Lo anterior puede ser atribuible al deterioro de la calidad de la educación acontecida los últimos tiempos. El sistema educativo no proporciona a los jóvenes las habilidades y competencias necesarias para desarrollarse con eficiencia en el mundo del trabajo. Asimismo, las instituciones donde, supuestamente se proporciona capacitación para el trabajo a manera de “carreras cortas”, no cuentan con la suficiente acreditación en términos de la calidad de su personal docente y menos de sus instalaciones, mobiliario y equipo.

El estudio nos presenta que el más alto retorno, es decir mayores ingresos producto del trabajo, se obtienen de la capacitación en las empresas (53%) seguido de los Institutos Superiores Tecnológicos (32%); Centros no formales (22%); y, Centros de Educación Ocupacional (3%).

Una de las principales interrogantes acerca de la efectividad del sistema educativo, fundamentalmente del nivel secundario que supuestamente prepararía a los jóvenes para enfrentar el mundo del trabajo, es: ¿cuánto tiempo se demora un joven egresado en ubicarse laboralmente?

La transición de la escuela al empleo, luego de doce meses, se describe como sigue: de 390 mil jóvenes que egresan de la secundaria, 53 mil siguen estudios superiores y postergan su ingreso al mercado de trabajo; 155 mil consiguen trabajo y dejan de estudiar; 16 mil, estudia y trabaja simultáneamente; y, 166 mil “están en nada”.

Otro dato interesante es el de las transiciones laborales. En un lapso de cuatro años, el 57% cambia de ubicación laboral, frente a un 43% que no lo hace. Los que no cambian, básicamente se encuentran empleados el 30.5%, mientras que los que cambian lo hacen de un trabajo a otro, el 33.2%. En cuanto a la movilidad de los ingresos el 43% no cambia, frente al 33% que suben, y el 24% que baja.

La extremadamente difícil inserción laboral de los jóvenes, según palabras de los propios protagonistas, se puede definir de tres (3) maneras: no hay trabajo, hay restricciones al empleo y la educación no alcanza.

En el primer caso se define la precariedad del empleo, es decir, la carencia de un empleo formal, como es uno de jornada de ocho (8) horas, remuneración apropiada y en planilla, beneficios sociales, etc. Lo que existen son “cachuelos”, empleos temporales y con honorarios reducidos. En el segundo, se refiere a los costos que generan la búsqueda de trabajo: certificados, licencias y documentos varios, así como los costos del traslado frecuente a lugares a de entrevista. Por último, el nivel educativo y la calidad de la institución de la cual se recibió instrucción no son suficientes, sin embargo, es común ver a jóvenes muy calificados en empleos de baja remuneración, como es el caso de profesionales trabajando de taxistas.

Esta enorme exclusión laboral depara a los jóvenes pobres trabajos precarios y sin beneficios, en la medida que para acceder a una plaza laboral se requiere tener capital relacional, es decir, calidad y cantidad de relaciones personales que son adquiridas o heredadas de su grupo familiar, los cual es potestad de las clases medias y altas. Asimismo, la gran empresa demanda profesionales de universidades de “prestigio” y con “buena presencia”.

Ante el panorama general del empleo en el país, la juventud ha caído en el desaliento, sin embargo existe una creciente expectativa por el negocio propio que le permita la independencia y tener manejo sobre su propio futuro.

En general en empleo en el Perú a sido visto desde Lima, la visión que se tiene del problema desde las grandes ciudades del interior, es todavía, muy escasa, sin embargo, es evidente que existe una dinámica diferente en cada provincia. Tal es el caso de la provincia de Ica, que según los expertos, esta muy cerca del pleno empleo. A pesar de esto, el nivel educativo y de exigencia para obtener un empleo, desde la visión de los jóvenes, sigue siendo mayor en la capital.

La percepción de la oferta

También desde la oferta, es decir, desde la visión de los empresarios existe la percepción de una sobreoferta laboral, fundamentalmente joven. Sin embargo se valora el entusiasmo y las expectativas de adaptarse y triunfar de parte de este grupo generacional.

En la gran empresa la oferta parte de la iniciativa de los propios trabajadores quienes recomiendan a sus amigos, asimismo, las universidades locales presentan a sus mejores estudiantes. De otro lado, en la micro y pequeña empresa, se emplean, por lo general familiares. En ambos casos, la responsabilidad es muy valorada por los empresarios.

Entre las razones por las cuales los empresarios contratan jóvenes están: las características de la actividad económica (35%); las condiciones laborales son más flexibles (32%); cuestan menos (14%); por la coyuntura económica (8%); por la legislación laboral (7%); y, son más dinámicos y más hábiles (4%).

Alrededor del desempeño laboral de los jóvenes, los empresarios opinan que éstos respecto de los adultos tienen mayor rendimiento; deseos de superación; creatividad; y, actitud positiva frente a las recomendaciones, sin embargo, no tienen una buena actitud frente al trabajo; no observan buena conducta, ni puntualidad; responsabilidad y menos confidencialidad. De otro lado, la iniciativa es igual en jóvenes y adultos.

Relación entre la institución educativa y la empresa

En un estudio realizado (4) se plantea como hipótesis que, el poco éxito de las empresas del medio se debe básicamente al poco dominio que se tiene de las ocho funciones empresariales básicas: vender, producir, dirigir, organizar, etc. las cuales dependen en gran medida del tamaño y el grado de desarrollo de la organización empresarial. Para el manejo de estas funciones es necesario realizar aprendizajes que conduzcan al desarrollo de las llamadas competencias empresariales generales que, como su nombre los dice, son de carácter multisectorial.

De lo anterior se colige que las limitaciones y carencias en la gestión de las pequeñas y Medianas Empresas PYMES se debe, entre otras razones, al poco dominio que tienen los empresarios de estas competencias. Esta es una información a partir de la cual el Ministerio de Educación podría elaborar los lineamientos curriculares básicos.

Un obstáculo evidente a la inserción de los jóvenes en el mundo del trabajo es el desencuentro entre la escuela y la organización productiva tal como lo manifiesta otro estudio sobre el particular (5), el sistema educativo no provee a las empresas el recurso humano con la calificación que estas demanda, asimismo, el sector productivo no genera la información relevante que permita la adecuación de los currículos de educación básica y técnico productiva.

Esta dificultad para interpretar los mensajes tanto de la oferta como de la demanda ocasionan que este mercado funcione de manera segmentada y estratificada.

Sin embargo existe algunas experiencias exitosas de relación educación trabajo que merecen ser replicadas como son: SENATI, IPAE, Jesús Obrero, etc.

Las políticas públicas y de la sociedad civil

La Comisión Nacional de la Juventud CONAJU, Organismo Público Descentralizado dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros con rango ministerial creada por Ley Nro 27802 de julio del 2002, tiene como propósito coordinar y articular las políticas públicas relacionadas con la juventud. Dentro de sus lineamientos de política esta el promover el empleo digno y las capacidades productivas de los jóvenes.

Las iniciativas del Estado para enfrentar el problema de la inserción laboral de la juventud, ha sido, por decirlo menos insuficiente. Las instancias encargadas de asumir el trabajo con jóvenes, como es la CONAJU, ha mantenido el enfoque segmentado y sectorial, asimismo, las organizaciones de la sociedad civil no ha mantenido los niveles de coordinación que de ellas se esperaba, en la medida que el trabajo con jóvenes involucra, con iguales niveles de responsabilidad, a la sociedad en su conjunto.

Comentario final

En el escenario nacional los políticos enfrentan el desafío de ganar adeptos de una población mayoritariamente joven, pero como hemos visto, ganada por la poca fe en el futuro y la desesperanza, producto de la falta de oportunidades para realizarse mediante un empleo digno. Esta generación que creció viendo a los políticos corromperse en “vivo y en directo” tiene argumentos suficientes como para ser desconfiados. Queda, pues, a los políticos, devolverle la confianza a la juventud.

(1) Chacaltana, Juan. La inserción laboral de los jóvenes en el Perú. Una revisión de datos, estudios y experiencias de promoción. Proyecto regional “integración de los jóvenes al mercado laboral” CEPAL/GTZ. Lima, noviembre del 2004.
(2) Inserción laboral de los jóvenes: retos y propuestas. Evento auspiciado por: CONAJU, CEPAL, GTZ, CEDEP y CIES. Miraflores, Lima – Perú, 16 de junio del 2005.
(3) Schuldt, Jurgen. Bonanza macroeconómica y malestar microeconómico apuntes para el estudio del caso peruano, 1988-2004 / Jürgen Schuldt. – Lima: Centro de Investigaciones de la Universidad del Pacífico, Lima, 2004. 502 p.
(4) Villarán, Fernando (coordinador). Competencias necesarias para la creación y gestión exitosa de pequeñas y microempresas en el Perú. Ministerio de Educación del Perú, 2001 (a).
(5) Villarán, Fernando y otros. Participación de las empresas en la formación de recursos humanos. Ministerio de Educación del Perú, 2001 (b).

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