sábado, 2 de diciembre de 1995

Economía y Educación

Desde que Tehodore W. Schultz, profesor de Economía de la Universidad de Chicago, en diciembre de 1960 pronunciara ante la reunión anual de la American Economic Asociation el discurso que, según los entendidos, diera nacimiento a la Economía de la Educación; mucho se ha discutido alrededor de esta disciplina, especialmente sobre la "teoría del capital humano", que es la base sobre la cual se asienta esta rama de la Ciencia Económica (1).

Enfoques de la Economía de la Educación

El primer enfoque de la Economía de la Educación pasa por el análisis económico de la educación, desde esta perspectiva se estudia el impacto del sistema educativo sobre la productividad de la fuerza de trabajo, así como la movilidad ocupacional y la distribución del ingreso.

La Economía de la Educación zanja el debate respecto de la naturaleza del gasto en Educación, en tanto que:

Si asumimos que el gasto en educación por parte de las familias es una inversión, la evaluación ex-ante de la decisión de invertir pasa por la comparación con otras formas de inversión en capital humano o capital físico. Y esto no es otra cosa que el cálculo de los retornos económicos de la educación, es decir, la comparación de los costos educativos frente a los beneficios (ingresos) derivados de un mayor nivel de escolaridad.

La educación vista como un gasto de consumo hace necesaria su explicación a través de un modelo de demanda individual de lo cual se infiere la importancia de los determinantes como son: el precio de la educación, los ingresos de las familias, el precio de bienes y/o servicios alternativos - entre los cuales se considera la posibilidad de optar por un trabajo remunerado en vez de estudiar -, y los gustos y las preferencias de los consumidores.

Una segunda forma de abordar la Economía de la Educación es a través del análisis de los aspectos económicos del sistema educativo. Este enfoque nos plantea la necesidad de estudiar la eficiencia interna de la educación y su relación de ésta con los costos a la vez de su financiamiento.

Preguntas Necesarias

De lo anterior se puede colegir la siguiente interrogante ¿Cuánto debería gastar el país en educación y quién debería financiar dicho gasto?

Antes de responder esta pregunta, hay que tener en cuenta que, la mayoría de los países latinoamericanos durante la década de los sesenta, asumieron a la educación como la "locomotora" del desarrollo en tanto que un mayor Gasto Educativo Público nos llevaría por el camino de los países industrializados.

En el Perú esta "fiebre" por invertir en educación se hizo evidente durante esa época. En el año 1966 se logró niveles de Gasto Educativo Público no alcanzados hasta la fecha.

Los sucesivos procesos de ajuste aplicados en los últimos 30 años han afectado de manera directa al Gasto Educativo Público en tanto que su deterioro ha sido marcado por sucesivos intervalos de auge y depresión, como puede observarse, más de estos últimos.

Era de esperarse, y así lo demuestra la realidad, que los beneficios de un mayor acervo de "Capital Humano" no se expresaran en una mayor productividad, movilidad ocupacional, y menos aún, aumento de los ingresos de la población.

Entonces, ¿Qué paso con la "Teoría del Capital Humano"?, es acaso que las tesis de Schultz no son aplicables al Perú.

No se puede afirmar, al menos por el momento, que existiera intencionalidad de invertir en educación, el incremento en la asignación de recursos a la educación por parte del Estado pudo haber sido, también, producto de la abundancia relativa existente durante los sesentas.

De haber existido una política explícita de invertir en educación los resultados esperados no se dieron, puesto se pensó, se daría similar proceso al sucedido en los países industrializados, es decir, a más educación más desarrollo.

Schultz explica el mayor desarrollo de los Estados Unidos a partir del análisis de los factores de producción que intervienen en el proceso productivo, y le asigna al capital humano la responsabilidad en el crecimiento del producto, la productividad, los ingresos, y en general el mayor bienestar. A partir de este enfoque es que se infiere un camino similar para los países en desarrollo, sin tomar en cuenta las estructuras productivas heterogéneas y desintegradas, así como el incipiente desarrollo de los mercados, fundamentalmente el de trabajo, existentes en los países en desarrollo.

De lo anterior podemos darnos cuenta que la relación funcional directa entre productividad e ingresos no se da en la realidad, al menos en nuestras latitudes. Es por ese motivo que toda la inversión en educación cayó en "saco roto", o en su defecto, sirvió como herramienta para dinamizar la demanda efectiva, a través de la mejora relativa de los ingresos de los trabajadores de la educación pública, o como en la actualidad, para apoyar el crecimiento del sector construcción mediante un agresivo programa de construcciones escolares.

Evolución Histórica de la Inversión Educativa

Diversos estudios nos muestran que la inversión en educación en los últimos 30 años ha tenido un comportamiento, en el tiempo, marcado por el ritmo de la economía en su conjunto.

La trayectoria cíclica de la inversión en educación es representada mediante el gasto educativo público, el mismo que describe una tendencia pro cíclica respecto del Producto Bruto Interno.

Es importante remarcar, que en nuestro caso, tomamos como indicador de inversión pública en educación al costo unitario corriente año/alumno, en la medida que éste mide con mayor exactitud la intensidad y variaciones del comportamiento de esta inversión, en tanto que el mismo, se define como el total de gastos de funcionamiento por el número de alumnos en todos los niveles y modalidades educativas.

Como afirmamos anteriormente, los sesenta marcaron un hito en lo que a inversión pública en educación se refiere, a la vez que en esos años se cerró un ciclo de "bonanza financiera" difícil de superar en las actuales circunstancias.


Se puede apreciar en el gráfico adjunto, que el costo unitario corriente año/alumno real (1979=100%) logra su nivel histórico más alto en 1966, año que coincide con el primer mandato del Arquitecto Belaunde, de allí en adelante su deterioro se hace sostenido hasta 1971. Al año siguiente, durante el gobierno militar, año 1972 en que se inicia la "Reforma de la Educación", el referido indicador repunta pero sin recuperar los niveles de 1966. Un largo período de deterioro de las finanzas educativas se precede hasta 1979. En 1980 al inicio del segundo período gubernamental del Arquitecto Belaunde el costo unitario experimenta recuperación sin llegar a los niveles de 1972, y menos de 1966. Como observamos, el primer lustro de la década del ochenta se caracteriza por un decremento sostenido de la inversión educativa. Durante 1986 y 1987 se vuelve ha experimentar una recuperación, para algunos ficticia, que tiene una caída espectacular al siguiente año (1988) y no para hasta 1991, primer año del gobierno del Ingeniero Fujimori. En el período 1992-1994 la inversión en educación medida a través del costo unitario corriente año/alumno, ha tenido un incremento sostenido.

El fenómeno observado durante el período de análisis nos hace pensar que una nueva crisis económica, como algunos piensan, originada por problemas en la balanza de pagos, traería como consecuencia un nuevo ciclo de deterioro del la inversión en educación con la consecuente caída en los gastos en adquisición de material educativo, remuneraciones de los docentes y personal administrativo. Como es de esperarse esta crisis se expresaría de manera más concreta en el deterioro de la calidad de la educación, fundamentalmente pública y en los sectores de mayor "pobreza educativa" estructural.

El Mismo Problema Diferente Solución

Si quisiéramos responder al primer interrogante planteado habría que determinar, en primer lugar, las necesidades educativas de la población, por un lado; y por otro, cual es la capacidad del Estado y de la sociedad civil de responder de manera eficaz y eficiente a esta demanda.

Los diagnósticos de la educación peruana han incidido generalmente en un análisis de la oferta, en otras palabras, se han elaborado en sucesivas oportunidades diagnósticos de la situación del sistema educativo formal, de sus estructuras. Y se ha puesto énfasis en los aspectos cuantitativos. Asimismo, sin tomar en cuenta la estrecha relación existente entre educación y economía, se han extrapolado las variables educativas de los alumnos, docentes e infraestructura.

Lo anterior, como es evidente, es una de las causas por las cuales han fracasado los intentos de reforma educativa en los últimos años.

En consecuencia, para saber cuanto debería gastar en educación el país y quien debería financiar dicho gasto, es necesario saber la magnitud de las necesidades educativas de la población peruana.

Una vez superado este escollo, cuantificar la brecha entre oferta y demanda educativa, para saber con exactitud cual es el volumen de recursos humanos, materiales y financieros, que debe movilizar el Estado y la sociedad civil para alcanzar los objetivos y metas previamente planteados en un "Proyecto Educativo Nacional".

No es, pues, pecar de reiterativos. La insistencia en la necesidad de formular un "Proyecto Educativo Nacional" que recoja las reales aspiraciones de grandes sectores de la población respecto de la educación es pre requisito para superar los males que aquejan a la educación nacional.

(1) Artículo publicado en la Revista Autoeducación Nº 48 IPP. Lima, diciembre de 1995.

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